Una historia sin animales

Un blog de Alex Oller Guinot

No podría ser de otra manera. Este post va dedicado a alguien que nos ha dejado en el mes de abril. Una persona grande, muy grande, tanto por lo que fue su vida como por lo que consiguió a lo largo de ella. “Abuelo”, algún día nos volveremos a ver.
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Tras casi dos meses sin “alimentar” el blog y después de pasar por Dubái, Singapur y Tokio, volver a Barcelona de forma urgente y posponer la vuelta a Tokio por culpa de un volcán, por fin puedo seguir “alimentando” este blog desde dónde lo dejé, es decir, continuando con nuestras experiencias por Egipto.
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Una vez decidimos que en El Cairo no tendríamos la “concentración” necesaria para empezar a redactar los primeros trabajos de la UOC (la universidad) tuvimos que decidir por dónde apostábamos para establecernos durante dos semanas: Alejandría, a orillas del Mediterráneo y segunda ciudad más importante del país, o Dahab, pequeño pueblo costero de la península del Sinaí, antiguo paraíso mochilero (ahora se ha aburguesado ligeramente) a orillas del Mar Rojo (bueno, concretamente del Golfo de Aqaba). Como ya habéis visto por el título del post, decidimos probar suerte con este último…
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… y el hotel elegido (con mucho acierto, por cierto) fue el Penguin Village.
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Teniendo en cuenta que Dahab es pequeño y te lo recorres en menos de una hora, diréis ¿qué se puede hacer durante dos semanas ahí? Pues muchas cosas. Dahab es uno de los paraísos mundiales del submarinismo (y dicen que de los más baratos), también puedes hacer snorkel por sus extensos arrecifes, windsurf, esquí acuático, tomar el sol (aunque en gran parte de su costa sólo hay rocas), excursiones al desierto, al monte Sinaí, al monasterio de Santa Catalina (donde está la “tatatatatataranieta” de la zarza ardiente), a la lejana Petra, visitar Sharm el Sheik (otro paraíso del submarinismo a 90 kilómetros)…
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Y os preguntaréis, ¿todo eso hicisteis? Pues no. Tal como dice el título del post, nos dedicamos las dos semanas a perrear en el restaurante del hotel, tumbados junto al mar todo el día allí desde que nos levantábamos hasta que nos íbamos a dormir (eso sí, escapándonos a la hora de comer por aquello de ahorrar unas libras).
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Cierto es que algún paseíto largo dimos (un par de horitas andando, desde la parte del “pueblo” hasta donde están los resorts caros y vuelta hacia el pueblo de nuevo), fuimos de tiendas, una mañana nos escapamos a Sharm el Sheik (ya le dedicaré un post), probamos algo de snorkel (poco, muy poco)… pero la verdad es que la mayor parte del tiempo estuvimos apalancados en la terraza junto al mar…
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… intentando ver las costas de Arabia Saudí que están enfrente (que sólo fueron visibles los dos primeros días)…
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… luchando para que los gatos no te quitaran el desayuno, la comida o la cena…
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… y enganchados al ordenador, fuera para estudiar, fuera para reservar nuestro futuro alojamiento en Tokyo (eso sí, siempre rodeados de "amigos").
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La verdad es que en Dahab encontramos la rutina que echábamos en falta después de estar un mes en Egipto prácticamente sin dormir más de cuatro días seguidos en la misma cama. Llegamos a tal punto de rutina que por la mañana ya te traían el café sin preguntarte, que te podías largar sin pagar porque sabían que lo pagarías todo al final del día, que no se extrañaban lo más mínimo cuando al mediodía desaparecías una hora porque te ibas a comer a un sitio más barato, o que ya sabían que cenabas allí salvo que les dijeras lo contrario. Llegamos a tal punto de rutina que cuando nos fuimos nos fundimos en un abrazo sincero con varios de los camareros que ya nos consideraban como un gato más de los que por allí pululaban todo el día.
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¿Valió la pena estar dos semanas en Dahab? Mucho. Nos sirvió para centrarnos un poco y tuvimos suerte de conocer a gente como Asier y Silvia (que llevaban 19 meses viajando por África) y a Mimi, con la que compartimos más de una cena (bueno, con ella y con los gatos). La pareja del medio son Asier y Silvia posando para la foto...
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Y ahora unos cuantos apuntes sobre Dahab, que recomiendo visitar aunque sólo sea un par de días:
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- Si no quieres pegarte un día dentro de un autocar, la forma más fácil de llegar es volar desde El Cairo a Sharm el Sheik (a 90 kilómetros) y desde allí coger un autobús o un taxi concertado previamente con el hotel. Vuelo ida y vuelta unos 60 euros y el taxi de Sharm a Dahab unos 25 euros (aunque se puede conseguir más barato).
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- Por cierto, si alguna vez reserváis vuelos internos con Egyptair, seleccionad como vuestro país de origen Egipto y como idioma el inglés. Los precios (en EGP) suelen salir un 50% más baratos que si seleccionáis otro país de origen y pagáis en euros. Eso sí, en el avión seréis prácticamente los únicos occidentales.
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- Dahab se divide básicamente en dos partes (separadas por casi una hora de caminata o lo que es lo mismo, 5 minutos en coche): Dahab City, donde están los hoteles resort y la estación de autobuses, y Asalá, donde está el meollo, todos los hoteles baratos y la mayor parte de restaurantes, casi todos junto al mar.
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- Dahab es pequeño, muy pequeño, así que si no hacéis submarinismo, no le dediquéis más de un par de días… a no ser que queráis hacer el perro como hicimos nosotros.
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- El Penguin Village (donde estuvimos) es un buen lugar para alojarse. Tiene una distribución estilo bungalows y nosotros teníamos una habitación de precio medio (ni de las más baratas ni de las más caras). Por 12 euros la noche teníamos baño propio y conexión wifi todo el día. Además es de los mejores sitios en los que nos hemos alojado en Egipto (cosa que por otro lado no era difícil).
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- Puedes comer o cenar en cualquier restaurante junto al mar (de estilo beduino, es decir, llenos de cojines, velas y hogueras) por unos 7 euros (plato principal + bebida). Como los precios son similares en todos los restaurantes y la comida también, la competencia hace que mayoría de ellos te regales los entrantes (pan de pita con tres tipos de cremas) y el postre.
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- También es posible comer mucho más barato tan sólo yendo a una calle por detrás del paseo marítimo (es decir, saliendo de la parte bonita). Allí, por unos 10 ó 15 EGP (entre 1,5 y 2 euros) puedes comer medio pollo (o kebab, o kofta) acompañado con arroz, verduras, una sopa, una pequeña ensalada de pepino y tomate, pan de pita y humus.
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- Y hablando de comer, en Dahab perfeccionaréis el arte de comer con una sola mano y un solo ojo. La otra mano la dedicaréis a espantar moscas constantemente (y aún así es inevitable compartir tu comida con ellas) y el otro ojo lo tendréis en modo multitarea, vigilando a los 5 ó 6 gatos que tendréis bajo la mesa, bajo el sillón, junto a tus pies… Cualquier mínimo descuido significa perder parte de tu comida (en serio, hemos visto a más de un huésped despistado quedarse sin su trozo de pizza), así que os pasaréis la comida o la cena dando golpes para asustarlos, gritándoles, tirándoles agua… Bueno, podemos decir orgullosos que en dos semanas no consiguieron arrebatarnos ni una miga de pan.
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En resumen, en Dahab podéis pasar unos días de descanso tirados en una terraza junto al mar por una décima parte de lo que os costaría hacer lo mismo en cualquier pueblo de costa de nuestro país.
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(P.D. para los temerosos). Hace cuatro años, en el 2006, más de 20 personas perdieron la vida en Dahab en un triple atentado con bombas. En 2005 murieron en las mismas circunstáncias más de 80 personas en Sharm el Sheik (a 90 kilómetros de Dahab) y un año antes, en Taba (a 130 km) murieron 30 turistas más. Como podéis ver, los atentados integristas en esta parte de Egipto han sido tristemente habituales. No obstante, considero que Egipto es un país seguro y que no hay que dejar de ir a causa del fanatismo de algunos. Además, nunca estamos a salvo en ningún sitio... ya sabéis, en cualquier momento se te puede caer un techo encima :-)

Que curiosa es la vida. Parecía que fuera un sacrilegio para muchos si no íbamos a visitar una estatua de hierro y cobre de 1886 que lo único que hace es aguantar un libro y una antorcha y resulta que por unas tumbas de más de 4.000 años, la única de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo que ha llegado hasta nuestros días, nadie pregunta… Curioso, curioso…
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Bueno, como ya habéis visto este post va de pirámides. Para visitar las pirámides de Giza y las más lejanas de Dahsur y Saqqara, tienes dos opciones, contratar un tour organizado (coche particular con guía propio, entradas a parte) o coger un taxi para todo el día. Como ambas opciones nos salían más o menos por el mismo precio (unas 220 EGP por coche, es decir, casi 30 euros), nos decantamos por lo primero y lo contratamos en el mismo hotel.
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Eso tiene sus pros y sus contras. Los pros son que vas a tiro hecho, te ahorras estar regateando con el taxista media hora y vas en un coche nuevecito y en condiciones. Los contras son que el tour te incluye la “visita” a un “museo” de papiros y a uno de perfumes, es decir, parada obligatoria en la tienda de unos colegas que le dan comisión al conductor y donde vas a perder el tiempo, a tomarte un té aunque no te apetezca y a hacer el paripé aunque desde el principio sabes que no quieres comprar nada, por no hablar de los precios abusivos que tienen (exageradamente caros). La parte buena es que ya le hemos pillado el truco y cuando te ofrecen cualquier cosa les dices lo que te cuesta el hotel (unos 13-15 euros) y que con lo que te están pidiendo duermes 5 noches. En ese momento ven que poco negocio harán contigo y la verdad es que la “presión” para que compres cesa en el acto.
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Bueno, a lo que íbamos, empezamos la mañana yendo a Dahsur (a unos 20 Km de El Cairo) para visitar las pirámides Roja, Negra y Romboidal… bueno, a visitar la Roja, porque actualmente no está permitido acercarse a las otras dos y sólo las vimos de lejos.
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La verdad es que la visita vale la pena. Tras subir unas cuantas escaleras hasta la puerta de entrada (que cansan de coj*nes) tienes la oportunidad de entrar dentro de la pirámide.
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Yo no me considero especialmente claustrofóbico, pero la verdad es que descender por el estrecho pasillo de 27º de pendiente me agobio un poco y esos 63 metros de pasillo se me hicieron laaaaaargos… suerte que había poca gente y prácticamente no te cruzabas con nadie.
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Una vez dentro, pues nada, miras un par de antecámaras y la cámara funeraria y para fuera otra vez, a escalar por el p*to pasillito.
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La segunda parada fue en Saqqara, a visitar la pirámide escalonada de Zoser, considerada la pirámide más antigua de todas.
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Según nuestro conductor, la entrada sólo te daba derecho a pasear alrededor de la pirámide y nos preguntó si aún así queríamos pagarla. La verdad es que creo que decía la verdad, así que optamos por hacer un par de fotos rápidas desde la distancia. Como podéis ver, el conductor era un crack haciendo fotos (aquí estamos nosotros y el culo de su coche).
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La tercera y cuarta parada fueron las consabidas visitas a los falsos muesos (papiros y perfumes). Ala, pierde ahí tres cuartos de hora haciendo el paripé.
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Quinta parada, ¿las pirámides de Giza? Noooooo, que vaaaaa… el cabroncete del conductor te lleva a la parte de atrás del complejo, donde están todos los establos de caballos y camellos, y te lleva al establo de otro coleguilla que le da comisión. La verdad es que no era nuestra idea coger ningún bicho de esos pero como la Lonely Planet dice que llegar en caballo o camello por la parte de atrás te da una visión totalmente distinta del recinto, pues al final accedimos a coger un par de caballos (con guía, claro), eso sí, tras regatear un buen rato y reducir las 600 EGP que nos pedían en un principio a 300 (otra vez el truco de lo que pagamos por dormir), así que los caballos nos salieron por unos 20 euros por cabeza.
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La verdad es que yo no disfruté mucho la visita. Subirme encima de cualquier bicho me da mal rollete (que se lo digan a Christopher Reeve, RIP) y encima mi caballo era un cabrón que no paraba de mear, cagar y morder a los otros dos caballos. Para prueba, esta foto. El cabrón de detrás era el mío… y sí, eran todos machos.
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Bueno, llegados a la loma de una colina bajamos de los bichos para hacer fotos. El guía te hace todo el reportaje fotográfico al más puro estilo guiri (que si ahora toca la pirámide con la punta del dedo, que si ahora haz el egipcio…). Aquí os dejo unas foto para que veáis de lo que hablo…
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… este era nuestro guía (la rubia no, el otro)…
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Después de la cutre-sesión de fotos, bajamos hacia las pirámides y nos dejó un ratillo solos para que exploráramos la esplanada (y nos enfrentáramos a los numerosos caza clientes que hay allí).
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De todas formas, entre que el guía nos estaba esperando, que el caballo me había dado muy mal rollo y que ya estaba un poco harto de la mañanita de papiros, perfumes y establos de “amigos”, pues la verdad es que me agobié y no disfruté como debiera de la visita, por lo que hemos decidido que antes de abandonar El Cairo volveremos a visitar las pirámides, a patita, por libre y sin nadie que nos espere (o sea, tendréis un nuevo post).
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(P.D.) Propinas: os preguntaréis si dimos propinas… pues sí, al guía de los caballos le dimos. Era un tío que desde los 7 años había vivido y trabajado en esos establos y hasta que se casó hace tres años dormía allí mismo, así que pensamos que es el que más se lo merecía… ¿Y al cabroncete de nuestro conductor? Pues nada de nada, no habernos llevado a tanta tienda de “amiguetes”.
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¿Qué? ¿Cómo? ¿Pero no estabais en Egipto?...
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En efecto, estábamos en Egipto… y seguimos en él. De hecho, llegamos a Dahab hace 10 días y de aquí no nos hemos movido aún.
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La cuestión es que como llevo tiempo sin publicar nada en el blog y quedaron cosas de nuestro paso por NYC en el tintero, pues me ha dado por ahí.
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Y puestos a escribir algo sobre NYC, escribiré lo más importante del mundo, lo que a muchos de vosotros no os dejaba dormir, la visita a la Estatua de la Libertad… ¿qué?, ¿no es importante?... pues no lo parecía cuando llamábamos… ¡¡¡pero si era le pregunta estrella!!!... ¿ya habéis ido a la estatua?, ¿no?, ¿cuándo iréis?, hola de nuevo, ¿ya habéis ido a la estatua?... Como si no hubieran cosas más importantes en New York.
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Siiiiii, al final fuimos, no fuera que por no ir creáramos una disfunción cósmica y una fractura en el espacio-tiempo que acabara con todo el universo y nos lo pudierais echar en cara.
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La cuestión es que la última semana que estuvimos en NYC nos dio por acercarnos a media mañana por la zona con la esperanza de que si había poca cola lo intentaríamos…
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… y no había poca cola, de hecho no había nada de cola. Así que ante nuestra sorpresa, comprar la entrada, pasar los controles de seguridad y subir al ferry, sólo nos llevó unos 10 minutos. Si es cierto que no habían tickets para subir a la corona de la estatua, pero después de subir al Empire State o al Top of the Rock, como que no importaba mucho ese detalle.
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Así que nuestra visita a la Estatua de la Libertad consistió en tomar el ferry y congelarnos en la cubierta (cosas de turistas, que preferimos pasar frío y ver unas vistas que ya hemos visto varias veces a ir calentitos en el interior de la embarcación)…
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… eso sí, con mi anorak Gansta Rap que tanto os gustó…
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… llegar a la isla y dar la vuelta alrededor de la estatua junto con un montón más de españoles que parece que su finalidad es joderte las fotos (eso sí, en Harlem cuando oscurece no se os ve el pelo, ¿eh, piltrafillas?)…
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… hacer alguna foto panorámica del Finantial District…
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… entretenerte intentando fotografiar a las gaviotas en pleno vuelo…
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… sacar las consabidas fotos con la estatua…
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… y volver a coger el ferry de vuelta.
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Por cierto, antes de volver a Manhattan el ferry hace otra parada en Ellis Island, la isla donde llegaban los inmigrantes al final del siglo pasado antes de que les permitieran entrar en los Estados Unidos. Dicen que lo más interesante de la isla es que si tienes antepasados que pasaron por allí puedes buscar su registro… pero como aquí unos servidores descendemos de catalanes, aragoneses y andaluces (y si nos remontamos más lejos, seguramente de judíos y moros), pues preferimos mantenernos calentitos dentro del ferry (esta vez sí, dentro) y volver a Manhattan directamente para llenar el estómago con algo caliente.
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